Petróleo y sangre,
dos fases de un mismo ciclo.
El paso de uno a otro es lento, visceral.
Lo que parece petróleo
lleva la memoria de tierras disputadas,
de comunidades desplazadas,
de defensores reducidos al silencio.
Lo que parece sangre
lleva el precio de la prosperidad ajena,
pagado en las fronteras
donde se derrama la vida.
Las historias de los recursos, los territorios y los pueblos
siguen enredadas.
El petróleo se vuelve sangre se vuelve petróleo.