Nada le llega en bruto.
Lo que recibe llega ya inclinado,
atravesado por el contexto,
lastrado por el hábito.
Las perspectivas vienen ensambladas,
sostenidas por marcos
que rara vez nombra.
Se le mide a distancia,
al descubierto ante ojos que nunca se cruzan con los suyos.
Todo pasa
y deja poco rastro.