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campo/el-avido

El ávido

Y el ávido toma y tritura lo que no puede.
Llenándose los bolsillos y la boca, hasta no poder más.
Luego no queda nada, salvo recuerdos deformados,
el olor marchito del miedo y el murmullo de la ira.

Y el ávido da, al grito huérfano.
Alimentando la vergüenza y la culpa, hasta el hueso.

Luego queda tanto, y sin embargo nada que dar,
salvo un trozo prometido de algo que podría ser algo algún día.